Superando la amaxofobia

Hace poco más de dos años, un conductor se saltó un STOP y me cambió la vida. Nos arrolló a mi novio y a mí, y después nosotros hicimos lo mismo con el vehículo que venía por el carril contrario. Todos salimos de nuestros autos por propio pie – y nuestro coche ya no sirvió para nada -.

Estuve 28 días de baja laboral (y casi 6 meses de baja médica), con collarín, contusión en la rodilla izquierda y una lesión en el hombro derecho, lesión de la que me quedaron secuelas. Pero esa secuela a día de hoy no me preocupa en absoluto, puesto que me deja hacer vida normal gracias a haberla trabajado mucho (otro día os contaré cómo).

La que sí me preocupa es la secuela a nivel psicológico, conocida por muy pocos como amaxofobia. Podemos definirla a grandes rasgos como el miedo a conducir, pero no como aquel que puede sentir un novato las primeras veces que sale con el coche. Es una fobia real, en mi caso derivada por el accidente.

Yo nunca fui conductora habitual y siempre le tuve respeto a la carretera, pero tras el 2 de abril cualquier cosa que supusiese ir en coche incluso como pasajera me provocaba pavor. Los segundos de caos vividos aquel día después del golpe se repetían en bucle en mi cabeza (especialmente por las noches) y montarme en cualquier vehículo me hacía estar en tensión. Si podía ir a un lugar andando, lo prefería. Y a veces, llegué a quedarme en casa por el simple hecho de tener que viajar sí o sí en coche para participar en algún plan.

Desde el principio fui plenamente consciente de que lo que me pasaba no era normal y al mismo tiempo me sentí muy incomprendida, puesto que gente de mi entorno consideraba que era “una tontería mía”. Estas cosas en vez de motivarme me hicieron más reacia; llegué a pensar que nunca volvería a viajar tranquila y, sobre todo, que no volvería a ponerme al volante jamás.

amaxofobia-miedo-a-conducir

Lo que para algunos era una tontería, para mí supuso muchos meses de angustia y rompecabezas

No soy un bicho raro

Un día mientras estaba comiendo en mi casa, salió una noticia en el telediario que captó toda mi atención. Un chico contaba que padecía amaxofobia, qué era y qué síntomas la definían. Me sentí representada, comprendida y en cierto modo aliviada. No era “una tontería mía”, era una fobia probada y con nombre propio; y sabía que las fobias, trabajándolas, se podían superar, pero todo conllevaba un proceso.

Así fue como hace unos seis meses le pedí a mi novio que me llevase a un lugar seguro y me dejase probar con su coche a dar unas vueltas. Mi llamada ‘tontería’ por algunas personas derivó en un ataque de ansiedad, habiendo avanzado apenas unos metros a diez por hora en una explanada totalmente vacía. Fueron unos minutos eternos hasta que conseguí tranquilizarme y calmar esa ‘reacción’ que nunca antes había sufrido. Hasta ese momento desconocía lo agotada que te dejan esos episodios.

El apoyo de mi novio fue clave en todo el proceso, con no presionarme y defenderme cuando otros me hacían daño con sus gracias sobre mi fobia. Y ese día también fue básico, por su infinita paciencia y comprensión. Pero la mayor clave fui yo misma, lidiando con mi batalla interna a diario con todas mis fuerzas.

Finalmente aquel día, durante 20 minutos, di vueltas en círculos en aquella explanada. Sin ir a más de 30. Sin pasar de meter segunda. Sin obstáculo alguno por el medio. Pero cuando paré el coche, me sentí orgullosa de lo que acababa de hacer. Para mucha gente conseguir subirse a un avión y completar un vuelo es un éxito; pues para mí, lo fue aquello.

Encontrar la ayuda apropiada

Hace poco, cumplí 29 años y días después se cumplieron dos del accidente. Mi cabeza empezó a darle más vueltas al tema del coche, porque además estoy en búsqueda de empleo y siempre he sido consciente de la libertad e independencia que da conducir. Y así me vi llamando a una autoescuela, preguntando por prácticas de reciclaje y explicando lo que me pasaba. Me volvieron a llamar pocos días después citándome para una práctica.

No se lo conté a nadie. No quería que opinasen ni dijesen nada de antemano. Sabía que mucha gente iba a ver absurdo que pagase por conducir con un monitor al lado teniendo casi 10 años de carnet (esto también lo había escuchado mil veces antes). Pero también sabía que era lo que yo necesitaba y llevaba ya tiempo pensándolo.

Así fue como el 12 de abril volví a salir a la carretera. Fue en un coche de prácticas con Juan, mi monitor, como “paracaídas”. Fue aterrorizada. Fue sin pasar de 50. Pero fueron 45 minutos que cambiaron mi vida porque mi cabeza se empezó a auto convencer de que iba a ser capaz de trabajar esa fobia y convivir con ella volante en mano. No sabía si el día en el que disfrutase con la conducción llegaría, pero unas semanas antes creía imposible verme de piloto y aquel día ya lo estaba dudando. Era un primer paso.

Desde aquella, seguí haciendo prácticas en la autoescuela de manera bastante regular. Como todo proceso, nada ha sido lineal en esta historia. A veces, hacía 30 minutos buenos de práctica y los ‘estropeaba’ al final, cometiendo fallos tontos debido a la tensión acumulada. Estuve al borde de la lágrima más de una vez. Tuve más momentos de ansiedad. Pero en ningún momento me planteé tirar la toalla porque también he visto la evolución. Al principio me costaba respirar, me temblaban hasta las pestañas y me costaba dormir la noche anterior a un día de práctica. Sudaba más que en una clase de spinning y en mi cabeza, sin depender de mí, revivía una y otra vez los segundos de caos del accidente.

habilidades-personales-lego-conducción

En abril realicé un curso sobre Habilidades Personales y los talleres de expresión (como este de Lego) me ayudaron a abrirme más respecto a mi amaxofobia

Fui avanzando poco a poco, lidiando con mi fobia gracias a mi constancia y a la paciencia infinita de Juan. Rotondas, cuestas, incorporaciones, vías rápidas, más cuestas… Lo que para otros no son más que carreteras, fueron para mí obstáculos y algunos lucían intratables.

 

Salto al vacío sin paracaídas

Hace un par de semanas, cuando ya estaba empezando a sentirme cómoda, mi monitor me sugirió probar a ir con mi coche de casa en una práctica. Me dijo que ya estaba preparada, pero que tenía que tomar yo la decisión. Accedí y me sentí como si volviese a partir casi de cero y a ello le sumamos la presión de saber que era la única responsable del control del coche. Fueron varias prácticas llenas de altibajos, pero que como Juan había previsto, no se me dieron tan mal.

Y así llegó el día de hoy, 4 de junio de 2018. Ha sido uno de los días de mi vida en los que más orgullosa me he sentido. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me oí a mí misma decirle a Juan que hoy era mi último día. Así de la nada, en mitad de la práctica. Yo misma diciendo en voz alta y sin pensar que quiero conducir sola y que ya me veo capaz. No sabría decir cuál de los dos estaba más contento en ese momento, dado que sé que él también está orgulloso de mí.

Sé que no está todo hecho, que tengo que seguir mejorando y practicando y que lo que está por venir también será una montaña rusa de altibajos. Pero al contrario que hace dos meses, siento que puedo hacerlo y que podré superarlo y lidiar con ello.

Quiero agradecer desde aquí a todos aquellos que han seguido todo este proceso de mi mano, los que me han entendido y me han ayudado. Iván. Lauras. Tania. Camilo. Raquel. Por supuesto, Juan. Y a mis padres, por acabar comprendiendo que no era cuestión de ir a coger el coche con ellos, si no que necesitaba ayuda externa.

La amaxofobia se supera. Siempre va a estar ahí presente, cada vez que me suba a un coche, sea de pasajera o con el volante entre mis manos. Antes era ella quien hacía de mí su marioneta, pero ahora soy yo la que tiene el control y la que se ha superado a sí misma. Lo que para otros es una acción cotidiana del día a día para mí es ahora una mezcla de satisfacción y lucha diaria en la que yo me hago cada vez más grande y la amaxofobia más pequeña.

Si padeces amaxofobia, ojalá que conocer mi experiencia te haya ayudado de alguna manera y pronto tú también puedas lidiar con ella a tu ritmo. Si conoces a alguien que la padece, te invito a que hagas uso de la empatía y te informes bien de lo que a esa persona le pasa antes de emitir un juicio sin sentido que además puede ser doloroso y contraproducente para los intereses del amaxofóbico. Y si simplemente tenías interés o curiosidad sobre esta fobia, espero que desde hoy seas consciente de su existencia y que mis palabras hayan servido para algo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s